Aún no estás aquí, estos días todavía eres un pensamiento, un deseo, una locura… y ya estás cambiando mi vida. Quizás no llegues nunca y te quedes dónde estás ahora, lejos y en una nube de pasión. Pero ya has hecho que cambie mi vida y que tome decisiones pensando en ti, en tu futuro y en tu bienestar. Desgraciadamente ya te he fallado, ya he cometido errores y he dejado que mis promesas y buenos propósitos se pierdan y queden en eso, en buenas intenciones. Y me he asustado, porque si aún no estás aquí, si aún no eres, si aún no vienes, y fallo, qué te esperará cuando llegues? Y si a pesar de todo, aunque aún no estés, soy capaz de darme cuenta, volver al principio y seguir luchando, podrás perdonarme que me equivoque de nuevo? Porque tú no vas a elegir, lo haré yo. Te obligaré a estar aquí, conmigo y a que me quieras, a que me busques para protegerte, y a que quizás sea la mujer más importante del mundo para ti. Y todo esto, viviendo con mi amor, con mi ceguera de cariño, con mis esfuerzos por aislarte en una burbuja, haciéndote creer que el mundo soy yo y que no hay nada más maravilloso que yo. Y mientras sigo esperando que llegues, podrás perdonarme que vaya a buscarte aunque sepa que llegarán otros fallos y otros temores? Aunque sepa que llorarás, sufrirás y te lamentarás sin que pueda evitarlo? Perdonarás algún día ese egoísmo que me obliga a ir a buscarte? Ese mismo egoísmo que me obliga a cambiar mi vida, a pensar en ti aunque aún no estés, aunque quizás no llegues nunca… aunque no te merezca, porque aún no te conozco, pero eres una persona maravillosa y nunca te he visto, pero sólo pienso en tenerte en mis brazos. Y mientras te espero, sigo mi vida, dejándome llevar por ti, por tus sueños, por tus deseos, por tus esperanzas y por tu alegría. Gracias por dejarme entrever lo que sería que estuvieras aquí, por cambiarme aunque quizás nunca llegues… Gracias por dejarme quererte, Siempre tuya.